Una sesión de fotos no empieza cuando se enciende la cámara. Empieza antes, cuando conversamos sobre lo que querés recordar y cómo te gustaría sentirte al mirar las imágenes después.
No necesitás saber posar
La mayoría de las personas no pasa el día frente a una cámara, y no hace falta que lo haga. Durante la sesión voy proponiendo acciones sencillas —caminar, apoyarte, conversar— para que el cuerpo encuentre su propio ritmo. No hay una postura perfecta que tengas que aprender.
“Llegar con una idea alcanza. El resto lo encontramos paso a paso.”
Elegí ropa en la que puedas moverte
Más que buscar un conjunto especial, pensá en prendas que ya se sientan tuyas. Las texturas simples, los tonos que te gustan y la comodidad suelen funcionar mejor que algo que te obliga a estar pendiente de cómo queda.
Si van a participar varias personas, pueden conversar los colores entre sí sin vestirse idénticas. En la planificación podemos revisar opciones y decidir qué acompaña mejor la locación.
Pensá en un lugar que tenga sentido
Puede ser una plaza, un rincón de tu casa, una calle que recorrés seguido o un espacio abierto. No hace falta que sea extraordinario: lo importante es que permita conversar y estar a gusto. En Asunción y Gran Asunción coordinamos locaciones según la luz, la fecha y el tipo de sesión.
Dejá un margen de tiempo
Cuando el horario está muy ajustado, es más difícil entrar en clima. Si podés, reservá un rato antes y después para llegar con calma. Para exteriores, la hora se elige considerando la luz disponible y las condiciones del día.
Lo más importante: estar presente
No hace falta que todo salga según un plan. A veces aparece una risa, una pausa o una mirada que no estaba prevista; esos momentos suelen convertirse en las imágenes que más queremos volver a mirar.
